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AISLAMIENTO SOCIAL

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SilvanaEtchepare

¿A quiénes afecta más el aislamiento social?

Entre Ríos - Concordia:…Adolescencia, es una etapa confusa, en la que te tratan como niño, y esperan que actúes y que pienses como adulto…
El aislamiento social, preventivo y obligatorio es una medida excepcional que el Gobierno nacional adoptó en este contexto crítico de la pandemia. Desde el comienzo de la Cuarentena, se hizo mucho hincapié en fortalecer los cuidados para proteger a la población en general, pero sobre todo, a la población de riesgo, por ser la más vulnerable frente al Covid-19. En este último grupo, se encuentran incluidas las personas mayores de 60 años, las personas con alguna patología crónica y las embarazadas.
Luego de llevarse a cabo numerosas investigaciones, realizadas en diferentes países, se llegó a la conclusión que la población más afectada emocionalmente, por el aislamiento social, son los adolescentes.
En Argentina, el Lic. en Psicología Sebastián Urquijo, investigador del CONICET, pudo investigar el impacto emocional en los adolescentes a causa del aislamiento social. Llegó a la conclusión, que “más de un 20% de los adolescentes presentaban niveles de depresión moderada o graves al inicio de la cuarentena (20/03/2020), y que dos semanas después ese porcentaje subió a 25%”.
La adolescencia es la etapa de la vida que se extiende desde la pubertad, hasta que se obtiene la independencia respecto a la autoridad de los adultos. Abarca desde los 12 hasta los 18 años. Es un período de transición desde la niñez a la adultez, que conlleva numerosos cambios físicos, sexuales, emocionales, cognitivos, sociales, entre otros.
Frente al interrogante del por qué a los adolescentes les afecta más el aislamiento social, que a la población en general, se llegó a la conclusión de que a diferencia de los adultos, los adolescentes no han desarrollado ciertas habilidades que les facilite adaptarse a los nuevos cambios (clases virtuales, limitación para salir de la casa, cambios de rutina diaria, etc). Entre estas habilidades se encuentra: la autorregulación emocional, el control de los impulsos, el pensamiento crítico, los mecanismos de afrontamiento saludables y la capacidad de poder tomar decisiones.
El grupo de pares (conformado por ejemplo por amigos y compañeros de escuela) cobra mucha importancia en esta etapa. Esto se debe a que el adolescente, comienza a ensayar su propia personalidad y con ella, su identidad, su autonomía, su intimidad, su autoestima y su sexualidad. Necesitan compartir conversaciones, momentos de recreación, juegos, deporte, etc., para sentirse parte de un grupo, que con sus mismos cambios, comienzan a ensayar una identidad propia, diferenciándose de sus progenitores. El aislamiento social, está limitando este intercambio social, que si bien, ellos se mantienen conectados a través de las redes sociales, no pueden experimentar lo antes mencionado.
Habitualmente, los adolescentes concordienses, gracias a las tradiciones de la ciudad, tienen muchas oportunidades para disfrutar con sus grupo de pares: las fiestas estudiantiles, la carrozas, el viaje de estudio, los festejos de los cumpleaños, disfrutar de los espacios naturales (Parque San Sarlos, Costanera), la realización de deporte (fútbol, hockey, running, etc), que al haberse interrumpido, a raíz del aislamiento social, sin dudas produjo un fuerte impacto en su estabilidad emocional.
La incertidumbre de la situación social y económica, los cambios en las rutinas familiares y la privación de realizar sus actividades placenteras (deporte, pasar tiempo con sus amigos, etc) influye de manera negativa en su estado de ánimo. Esto se puede observar a través de la desmotivación, la irritabilidad, las conductas oposicionistas, insomnio o somnolencia, apatía, falta de hábitos saludables, falta de tolerancia, angustia, ansiedad, alteración en la rutina alimenticia (falta de apetito o atracones impulsivos), etc.
Este fenómeno se produce dentro de un sistema familiar, a quienes se le dificulta poder comprender las manifestaciones de los adolescentes, y muchas veces, refuerza sus mecanismos negativos de afrontamiento, a través de la falta de comunicación y de diálogo, de comprensión y contención afectiva. Sin dudas las medidas sanitarias obligó a las familias a incorporar un sistema de funcionamiento diferente, con cambios de rutinas, roles y funciones. La buena noticia, es que existen estrategias que se pueden utilizar, para facilitarle esta transición a los adolescentes concordienses. Entre ellas están:
Monitorear sus comportamientos, sobre todo, cuando se encuentran fuera de la norma: insomnio, somnolencia, cambios en los hábitos alimenticios, aislamiento, etc.
Observar cómo manifiestan sus emociones, su evolución y expresión. Hay que recordar que son adolescentes y no adultos, por lo que necesitan de nuestra contención afectiva, empatía y comprensión. Ellos no han desarrollado el control emocional, y por ende, les resulta difícil entender lo que les pasa y cómo controlar sus impulsos. Es necesario escucharlos de manera activa, guiarlos, brindándoles consejos y sugerencias, siempre respetando su intimidad y privacidad.
Demostrarles comprensión “ponernos en sus zapatos”, explicándoles que “es normal sentir rabia, tristeza, ansiedad y desesperación ante esta situación, pero que hay que tolerarla y adaptarse a ella”.
Propiciar momentos de diálogo sincero y auténtico, para darles un espacio donde puedan expresar, a su manera, como se sienten y, generar un espacio de intercambio para que ellos también puedan empatizar con los adultos.
Mantener una rutina diaria, que les permita sentirse resguardados, contenidos y conectados con sus obligaciones (ejemplo: las clases virtuales, colaborar con la higiene del hogar) y con momentos placenteros (juegos con la play).
Evitar estar inundados de muchas noticias sobre la pandemia, crisis sociales y económicas, que podrían generarle mayores niveles de ansiedad y angustia.
Propiciar momentos de diversión y de unión familiar: jugos de mesa, play, mirar una película, almorzar/cenar juntos, hacer sobremesa en un clima cálido y tranquilo, etc.
Realizar intercambios con la familia más extensa (tíos, abuelos, primos, etc.) utilizando dispositivos tecnológicos, para no aislarse de manera definitiva con los seres queridos.
Propiciar que los adolescentes mantengan contacto con su grupo de pares, a través de las redes sociales.
Si es necesario consultar con un terapeuta, sobre todo cuando el adolescente presente hábitos que podrían poner en peligro su integridad psicofísica y/o presente niveles elevados de angustia.
Etchepare Silvana - Lic. en Psicología - M.P.:1707
Fte e Img: El Heraldo
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