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UNA VIEJA BUENA MEDIDA

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Patente para perros en la vieja capital del territorio

Neuquén: Fue una de las medidas que se impulsaron para regular la tenencia de mascotas en la década del 40.
Los perros callejeros siempre constituyeron un problema para los habitantes de Neuquén, tanto por los ataques que se registraban en la vía pública como por las enfermedades que podían llegar a transmitir.
Si bien es cierto que la solución más fácil (y no menos cruel) fue la matanza de animales, hubo normativas de avanzada para la época que colaboraron para la tenencia responsable de las mascotas.
A mediados y fines de la década del 40, Neuquén era un pueblo de alrededor de 7500 habitantes distribuidos mayoritariamente en la zona del Bajo, el sector comercial que le daba empuje al crecimiento de la capital. Si bien todavía no comenzaban las fuertes corrientes migratorias que generaron una explosión demográfica, la ciudad crecía en forma rápida, duplicando su población cada 10 años.
En ese nivel de desarrollo fue inevitable que también comenzara la superpoblación canina. La zona de chacras y los alrededores del matadero municipal que funcionaba en la calle Bahía Blanca hizo que la cantidad de perros se multiplicara de manera alarmante para las autoridades de aquel entonces.
Una carta enviada por el comisario Enrique Delmonte al comisionado municipal Ricardo Salazar Possi, en julio de 1946 solicitaba medidas urgentes para “la restricción en la tenencia o posesión de perros dentro del radio urbano del municipio”.
No solo preocupaban los ataques de perros en la vía pública, sino la proliferación de otras enfermedades como la hidatidosis o la rabia.
Es motivo de justificada alarma entre el vecindario –rezaba la misiva- la cantidad de perros sueltos que deambulan por esta jurisdicción, recrudeciendo este mal en los barrios denominados El Matadero y Tierra del Fuego, donde en horas nocturnas se hace prácticamente imposible transitar por sus calles sin exponerse a sufrir los ataques de dichos animales”.
En efecto, la intensa actividad del matadero y las sobras que se generaban diariamente eran una verdadera atracción para la gran cantidad de perros sueltos (aunque muchos tuvieran dueños) que había en la ciudad de Neuquén.
El comisario fundaba su pedido de intervención en la cantidad de actuaciones que había tenido la Policía del territorio frente a las denuncias de los vecinos.
La contestación a tal solicitud no fue otra que disponer el envío de la perrera para que capturara a todos los animales sueltos que encontrara por la zona, según documentos que quedaron guardados en el archivo histórico municipal y que fueron citados por la Revista Alto Parlamente en 2012.
Pero más allá de estas medidas, las autoridades municipales neuquinas pusieron en marcha otras normativas para tratar de ordenar la población animal. Algunas fueron muy llamativas, como la chapa patente para perros que se impuso en 1948.
Todo aquel propietario de una mascota debía registrarlo, pagar por ello y hacerse responsable del comportamiento del perro en el caso de ataques en la vía pública.
No se sabe a ciencia cierta si esta nueva legislación logró finalmente regular la cantidad de animales en la vía pública, pero hubo municipios que decidieron imitar dicha medida.
En una nota enviada por el comisionado de Centenario a su par capitalino, solicita que le facilite chapas patentes para perros para tratar de registrarlos y eliminar de esta manera a los que no tuviera dueño. En la misiva, asegura que se conformaría con chapas viejas o de otros años, debido a que la situación en esa pequeña localidad era realmente crítica. Sin embargo, la respuesta fue negativa. En la carta que recibieron en Centenario les informaron que las chapas patente se habían agotado y que no tenían de años anteriores porque –simplemente- no existían.
De esta manera, durante ese entonces hasta recién comenzada la década de los 90, la ciudad de Neuquén utilizó la eutanasia como método para regular la cantidad de perros en la vía pública.
A partir de 1992, se comprobó que las campañas de esterilización de animales eran la medida más eficaz para solucionar este problema.
Esterilizaciones y responsabilidad, lo mejor. Andrea Ferracioli Subsecretaria de Ciudad Saludable
 
¿Cuándo comenzaron a aplicarse las campañas de castración en Neuquén?
Comenzaron en 1992, aproximadamente. Antes directamente se mataba a los animales. El control poblacional era la eutanasia, que en realidad no sirvió para nada. A partir del 92 se declaró al municipio no eutanásico y en 2015 yo modifiqué esa ordenanza y agregué a los felinos, porque era una problemática que se nos iba a venir.
¿Y esto ahora está más controlado?
Sí. Este año, a la fecha tenemos 9337 castraciones. El 58% caninos y el 42%, felinos. El año pasado, que no hubo pandemia, se hicieron 8038 castraciones. También hicimos 5948 desparasitaciones.
¿Y la gente responde?
Sí. Es tremenda la demanda que tenemos. Hicimos muchas campañas de educación sobre tenencia responsable. En cuanto a las castraciones, la verdad que no damos abasto. Es más, sumamos las castraciones especiales los días sábados.
¿Es la única manera de controlar la población, entonces?
Sí. Lo que se hacía antes era una masacre, y encima no daba resultados, porque el problema seguía existiendo. Afortunadamente, ahora hay mucha más conciencia por parte de la gente.
Fte e Img: La Mañana Neuquén
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